Mi relación con la radio es más o menos la misma que la de la Tierra con el Sol. Mi vida no sería la misma sin ese receptor AM presente. Yo crecí al lado de una radio. Me levantaba bien temprano, en tiempos en que todavía ni siquiera iba a la primaria, y lo primero que escuchaba era el informativo con mi viejo andando por ahí, preparándose para ir al laburo o mi vieja haciendo sus cosas. Cosa que no nos pasó tanto, al menos en nuestra familia, con la tele. Y con el correr de los años esa práctica se hizo hábito, a cualquier hora del día, salvo por las noches.
He aquí el punto. ¿Qué va a pasar con el programa de “Miguelito”? ¿O qué pasó? Yo soy un viejo escucha de su programa de los fines de semana, “El Alargue”, y supe últimamente de algunos problemas de orden gremial con la Radio La Red en los que él tomó activa participación. ¿Me tendré que resignar a añorar sus largos editoriales, desde los políticos hasta los puramente futboleros, tan bien relatados? ¿Me van a abandonar definitivamente esas voces grabadas de los caracterizados oyentes, por nombrar a uno sólo, José de Palermo, el tachero, con sus frases inigualables, un ídolo total de los bosteros? Cuántas veces, en el laburo, somos varios los que nos paramos cerca del receptor para escucharlo, y no paramos de cagamos de risa cuando tira esas frases como “Tiene menos fútbol que el Para Ti”, o “Ese pibe tiene menos potrero que Beverly Hills”, o su sentencia sobre lo que es Boca en el mundo, “el King Kong”.
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