Ayer, y los otros días, y hace tres años, han tenido lugar hechos similares en lo que concierne a nuestros ferrocarriles. Una prestación del servicio bastante deficiente, demoras, cancelaciones y… ¡otra vez sopa! Usuarios enfurecidos, a los que se suman infiltrados, cuándo no, sean éstos del propio gremio o simples militantes de fuerzas opositoras, pónganles el cartelito que más les guste.

Hace poco, desde la Presidencia se señaló, con justa razón, que es una pena que la gente destruya los coches de los trenes de pasajeros por cuanto su reposición resulta muy cara y todos los que utilizamos el servicio seremos los únicos perjudicados. Claro que, sin aclarar las cosas como en tantos otros casos, el doble discurso es el deporte preferido del poder, porque jamás se dice que toda la red ferroviaria, su infraestructura, su material rodante y demás le siguen perteneciendo al Estado Argentino, es decir, a todos nosotros. Las empresas privadas sólo tienen la concesión del servicio. Y que es el mismo estado el que subsidia (pone la platita) para que el servicio siga funcionando. Y otra cuestión importante: la actual administración ya hace un buen rato que, desde que asumió más o menos, se ha desentendido de cualquier posibilidad de control sobre el funcionamiento del transporte público. Esta política abarca desde ya otras áreas del quehacer vernáculo, pero bueno, alguna vez desde las altas esferas del gobierno se nos ha deslizado que “un poquito de anarquía no viene mal”. Para qué hacer más comentarios, entonces.
Cabe señalar que el subsidio al transporte ferroviario de pasajeros no es un invento argentino ni una rareza, sucede en todo el mundo. Operativamente siempre da saldo en rojo en cualquier balance contable. Aquí, en Francia, en Japón, en donde se les ocurra. Pero a la hora de hacer un balance macro de la economía, el saldo es ventajoso. De no ser así, los trenes de pasajeros no tendrían ningún sentido, salvo que uno fuese un romántico de las vías, pues ningún país del mundo tiraría la plata alegremente. Es muy grande la inversión que se hace.
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