La idea es muy buena. Se trata de crear un libro hecho a puro corazón por los fans y que cada uno exprese sus sentimientos como quiera. Y que llegue a manos del trío y lo lean.
Se me ha dado la posibilidad de escribir y lo he hecho.
El manuscrito, pasado en limpio:
"Queridos Rush:
Mi historia con Rush comenzó en los años de la escuela primaria. Un vecino mío tenía un hermano mayor que volvía de su viaje por Europa con un par de discos bajo el brazo de una nueva banda, Rush. Siempre recuerdo su frase, "Son como Deep Purple pero menos comerciales". Una comparación algo exagerada, creo: aquellos discos eran nada menos que "Rush" y "Fly By Night". Ahí fue el primer contacto. Años más tarde ya los reecontré definitivamente, en tiempos de adolescencia, de locura y de música.
Fueron apareciendo "2112", "A Farewell To Kings", "Hemispheres" y creo que allí me hice fan de la banda. Entre tanta compañía de estudios que escuchaba cosas muy comerciales, era una buena alternativa. Había desde luego gente que escuchaba otras cosas, pero un pequeño fracaso mío fue irme de la escuela secundaria sin haber convencido a uno solo de que le termine gustando Rush.
Distinto ha sido el caso de mis amigos y vecinos del barrio, con quienes hemos compartido horas y horas de escuchar a la banda. Recuerdo muy bien cuando escuchamos Moving Pictures por primera vez. ¡Juaaaaa! ¡Qué asombroso! ¡Cuántos recuerdos lindos de esa época!
Han pasado muchos años desde aquella "Locura". Pese a mis años, el sentimiento joven siempre está presente, y hoy, ante la chance de poder ver a Rush en Argentina, más aún lo está. ¿Se concretará aquel viejo sueño? Está en ustedes muchachos, Alex, Geddy y Neil poder cristalizarlo. "
Son tiempos festivos y de mucho nervio también. De mucha expectativa y de mucha suelta emocional. Es el acontecimiento mundial de cada cuatro años!
De modo que, si no aparecemos demasiado por aquí, compréndanos. Somos uno más que se halla anestesiado por el evento. Pero guarda, estamos durmiendo con un ojo abierto por si acaso, ¿eh?
Obama propone a los suyos que permitan que la oposición les haga hervir la sangre.
Por Jorge Elías (LA NACIÓN)
En una democracia, según Barack Obama, "se puede discrepar sin necesidad de demonizar a la persona con la que se discrepa y se pueden poner en duda sus juicios sin necesidad de poner en duda sus motivos o su patriotismo". La tendencia a ningunear y descalificar al otro sólo por disentir con uno aumenta la tensión y la polarización. ¿Cómo evitarla? Les propone a los suyos: "Si sólo leen los editoriales de The New York Times [progresista], traten de leer de vez en cuando los de The Wall Street Journal [conservador]. Les pueden hacer hervir la sangre, pero no van a cambiar su forma de pensar". Mal no vendría un consejo parecido en la Argentina.
Desde Maquiavelo, "todos ven lo que aparentas; pocos advierten lo que eres". En esa disyuntiva se encuentra Obama. Le preocupa que su gobierno sea percibido como "una amenaza". Quienes piensan de ese modo, infiere, "ignoran que, en una democracia, todos somos el gobierno´´. No todos, en realidad. En los Estados Unidos, observa con inquietud el escritor Paul Auster, "hay una especie de guerra civil, no con balas, sino con palabras e ideas, que está agravándose; pensé que acabaría al irse Bush, pero ahora la división parece mayor".
La ex candidata republicana Sarah Palin y los nostálgicos del motín del té, enrolados en el derechista Tea Party, insisten en convocar voluntades para "recuperar" el país, como si estuviera bajo el yugo extranjero, y en despotricar contra los impuestos que grava el gobierno en beneficio de un Estado grande. Desde enfrente, Obama repone: "No deberíamos preguntarnos si necesitamos un Estado grande o pequeño, sino cómo podemos crear uno más inteligente y efectivo. En la era del iPod y el TiVo [televisión de última generación], el Estado no puede dictar tu vida. Puede darte las herramientas para triunfar".
Están a 45 kilómetros de distancia uno del otro. Preside Palin un acto de la Fundación de Americanos por la Prosperidad y Obama la ceremonia de graduación de la Universidad de Michigan. Hablan el mismo idioma, pero pintan cuadros diferentes. Es, curiosamente, la crítica que ambos formulan a menudo, desde posiciones antagónicas, contra los medios de comunicación: que, por intereses creados, no reflejan la realidad tal como es. La más dañada termina siendo la confianza de la gente.
En casi todo el planeta, los políticos culpan de sus pifias a los medios de comunicación. Es el recurso fácil: matar al mensajero. No están exentos los norteamericanos, pero tributan al periodismo más respeto y reconocimiento que otros por considerarlo un pilar de la democracia. En otras latitudes ni modales guardan algunos presidentes y bufones al señalar a sus presuntos detractores, en ocasiones cronistas de salario escaso y salteado.
¿Logran hacerlos cambiar de opinión, acaso? Promueven la autocensura o el recelo. Un periodista fastidiado suele ser propenso a confundir un bautismo con un cataclismo y a convertirse en un predicador, un moralista o un plomo. En este "ambiente político tóxico", el deterioro de la convivencia lleva a Obama a advertir que un insulto "puede servir para obtener titulares" y que, no satisfechos con "tirar al suelo" a su gobierno, algunos de sus opositores se ufanan de tildarlo de "comunista de estilo soviético que gobierna como fascista".
El uso impune de esos motes alienta comparaciones odiosas "con regímenes totalitarios y hasta sangrientos". Quizá sea el resultado de abrevar en una fuente única, el Times o el Wall Street , como si no existiera la otra, capaz de hacer hervir la sangre. Es como pedir invariablemente helado de chocolate. Hay de otros sabores. Sólo es cuestión de probarlos.
En democracias familiarizadas con los debates y reacias a los monólogos es más usual la defensa como arma que la agresión como escudo. Quien deshonra a otro se deshonra a sí mismo.
En los Estados Unidos son habituales desde 1948 las discusiones radiofónicas entre candidatos a cargos electivos. En vísperas de las presidenciales de 1960, John Kennedy y Richard Nixon inauguran la era de los debates por televisión, signada por el promedio entre la espontaneidad y el desliz.
Célebres son las perlas de sudor en la frente de Nixon al disentir con Bob Kennedy, el patinazo de Gerald Ford frente a Jimmy Carter por negar el dominio soviético en Europa del Este, la edad avanzada de Ronald Reagan como prueba de experiencia frente a Walter Mondale y el gesto ceñudo de George Bush padre mientras consulta su reloj de pulsera en señal de aburrimiento o de tiempo cumplido frente a Bill Clinton y Ross Perot.
En esa instancia, un político puede triunfar o derrapar. De ganar las elecciones, salvo que se empeñe en gobernar en solitario como los Kirchner, los debates son continuos. Es lo normal en una democracia. En ella, conviene Obama, el principal rival puede ser uno mismo, más expuesto a los tropiezos propios que las estocadas ajenas. Corre el riesgo, a su vez, de contraer sordera, mal frecuente en estos tiempos. Es, como la ceguera, más severa cuando es ideológica que cuando es biológica.
Ayer, mientras miraba por TV la goleada de Boca a Arsenal, hubo una muy corta toma de una cámara que me hizo empezar a reflexionar sobre algunas cosas que estaban pasando en ese momento, pero con el epicentro en un pasado lejano en algún caso, y no tanto en otro.
Veo por un par de segundos a un tal Omar Larrosa sentado en el banco de Boca, como ayudante de campo del DT interino Pompei. Inmediatamente me embargaron algunas sensaciones, y algún recuerdo también. Creo que yo no había cumplido seis años aún, y tengo muy presente como si hubiera sido hace un ratito, el primer paquete de figuritas que mi mamá me compró, traía una de Larrosa, con la camiseta de Boca. Al poco tiempo Larrosa abandonaría el club, consiguiendo posteriormente títulos en Huracán, Independiente y siendo campeón mundial en 1978 con la Selección Nacional. Cuirioso derrotero el de algunas de nuestras figuras del deporte. Pero hay que aceptar que también eran otros tiempos.
La cámara volvía al banco local y tomaba de cuerpo entero al Tito Pompei. Por qué, no tengo idea, pero instantáneamente lo recordé en aquel clasico frente a River de primera mitad del '97 en que le atajaron un penal; estábamos para golear, y terminamos sufriendo. Así con todo, yo pensé para mí mismo: "Tiene que tener su revancha algún día. La va a tener." La tarde de ayer seguía generando impresiones, una de las cuales claramente fue: "Hoy puede ser ese día".
Martín "El bate-récords" Palermo sigue con su sana costumbre. A pesar de todas las habladurías que pululan todo este tiempo. Su última víctima fue Roberto Cherro. Por qué será, hace unos días tropecé con una vieja revista que aún guardo desde hace muchos años, simplemente porque siempre estará presente la anécdota personal que me tiene a mí hojeando esa revista y mi mamá observando detrás mío, en eso me detiene la mano que estaba por voltear la hoja y me dice: "¡Mirá! ¡Cherro!" Claro, ella era tan o más futbolera que yo y esas imágenes le resultaban por demás familiares.
Pasaron los festejos, los compactos televisivos y las polémicas. Pero cuando uno menos lo sospecha, también dicen presente algunos viejos recuerdos.
Charla de vereda, hablando de todo un poco con un vecino, de problemas cotidianos, de política nacional, de cuestiones inflacionarias, hasta que se produce un silencio de medio segundo, y los dos nos miramos y nos dijimos lo mismo: "Bueno, falta menos".
Lamentable tener que consolarse con tan poco, pero en tiempos grises la experiencia indica que no hay que desesperar. ¿Y mientras?
- "Mientras, ¿sabe qué? Lo invito a ver a Saturno".
Estas cosas no deberían sorprender. Pero esto es parte de la gimnasia planetaria. Si sabemos que el 27 de enero pasado Marte produjo su máximo acercamiento, incuestionablemente debería haber movimientos terrestres de gran magnitud. Y esto no es más que una muestra.
"...No tengo amigos, tengo intereses"..."Lo mío es el poder, nada más, pero nada menos. Por eso insisto, no jodamos, se necesita poder, manejar empresas, controlar jueces y juzgados, agujerear a los opositores, tener con rienda muy corta a los intendentes, usar los recursos desde un comando chico, pero compacto y ejecutivo..."..."tengo el poder. Poder es audacia, actitud, ganas, fuerza, tenacidad. No cuenten conmigo para arreglar y buscar ´denominadores comunes´, esa es una forma maricona de ver la vida. Es lo que hice con los medios. No contaban con mi voluntad"..."no nos para nadie. Soy muy cabeza dura y esto es lo único que me importa en la vida..."
Insisto y seguiré insistiendo: cualquier sociedad no se divide políticamente en izquierda-derecha, populares-impopulares, etc. No. Se divide entre quienes creen en la democracia y quienes no.
Aquí el objeto no es formular quejas. En todo caso, las quejas se hacen en el lugar que corresponde, no en un blog.
Desde hace muchos años los usuarios del transporte público de pasajeros venimos tomando nota del cada vez peor servicio que se presta, horarios que no se cumplen, condiciones de seguridad e higiene olvidadas en algún punto del pasado, todo dentro del destrato, o mejor dicho, el ninguneo más absoluto al que viaja en la ciudad y los suburbios por distintas razones.
Anoche, una vez arribado a la Estación Retiro de Ferrovías con un atraso de 20 minutos, me dirigí al único empleado que observé en los controles del pasaje, para solicitarle el comprobante. He aquí el primer dato que debería llamar la atención a cualquiera, tratándose de un servicio de transporte: quien tiene que darlos, no tiene información sobre la llegada de los trenes. Esto no era una situación excepcional que se presentaba anoche, pasa desde hace mucho tiempo.
Aproveché entonces para ponerlo a prueba, a ver qué era capaz de contestarme:
-"Te hago una pregunta, -mirando yo hacia arriba, donde está la Oficina de Auxiliares de Estación- ¿Sigue habiendo Oficina de Auxiliares? ¿Hay alguien ahí arriba?"
-"Sí, -me respondió- hay uno. Pero nunca te dicen nada sobre los trenes".
-"Ajá". Me dijo ni más ni menos lo que yo ya sabía.
En otros tiempos, el mentado Auxiliar debía reportar rápidamente cualquier novedad referente a anomalías en el movimiento de trenes locales, ya que existía una oficina que estaba en contacto directo con el público usuario durante gran parte del día. Hoy eso ya no existe. Pero no sólo en ferrocarriles, tampoco la hay en subtes (únicamente en caso de suspensión o grandes demoras se ve de tanto en tanto un cartel) y en colectivos no hace falta mencionar nada.
Cabe preguntarme, ¿tanto hemos involucionado como sociedad? ¿Habremos perdido el amor por el trabajo y la responsabilidad? Sonará un tanto ingenuo lo mío, hoy da la impresión de que un puesto de trabajo con responsabilidad está reducido meramente a un salvamento individual y punto. Simplemente me estoy ocupando del transporte público, y no he dicho una palabra de otros servicios que el Estado debe prestar y las opiniones que circulan al respecto no son las mejores. Como siempre digo, yo, del prestador del servicio o del vendedor puedo, poniéndole onda, esperar algo bueno, aunque pocas veces me voy con alguna satisfacción. Pero, ¿Y los controles que debe hacer el Estado? A ése es a quien todos debemos exigirle que tome cartas en el asunto. En caso de no haber respuesta, seguiremos dependiendo exclusivamente de la buena voluntad individual.
Volviendo sobre el corto diálogo que mantuve con el antedicho empleado:
-"Y pensar que en otros tiempos hasta el peón de la limpieza sabía si el servicio funcionaba con demoras o no", le señalé. Habrá sido muy fuerte lo mío, que no supo qué decirme. Tampoco esperaba una gran respuesta de su parte.
OTRA HISTORIA.
Esto me sucedió hace unos años, pero traigo el tema porque todo parece girar alrededor de lo mismo.
Si uno llega en subte desde Retiro a Diagonal Norte, y va a trasbordar, deberá subir por escalera hasta 9 de julio. Hay una escalera mecánica lógicamente puesta para el que debe subir que... no funciona casi nunca. Es decir, funciona, pero está detenida casi siempre. Las razones de esto no las pienso analizar, pero tienen que ver con un problema más serio, relativo al comportamiento humano.
Ese día, me disponía a subir, y veo que había un anciano que apenas si podía desplazarse con su bastón y quedó perplejo ante la circunstancia comentada. Debo reconocer que yo iba bastante apurado, pero pensé, "qué situación de mierda", así que me acerqué al personal de vigilancia apostado como a 50 mts. de distancia del lugar, seguramente dedicado a otros menesteres más importantes.
Le pedí pues si por favor podría ir a poner en funcionamiento la escalera mecánica, atento a que allí había una persona en dificultades. A lo que, me explicó que él no podía moverse de su lugar, y a continuación me sugirió (no es chiste, ojo) "que hiciera una denuncia penal a Metrovías". No dudo de la buena predisposición de aquel señor, pese a su impedimento laboral, de forma que sólo atiné a decirle: "voy a ver, pero trate de hacer algo porque un día de éstos vamos a lamentar un hecho grave que con muy poco se podría evitar". Y después me fui pensando, tan apurado como antes, "denuncia al Fiscal de turno, el juez debe resolver en 5 décimas de segundo, (¿y si hacemos un Per Saltum para que la Corte Suprema lo decida al menos en 10 segundos más?). No... demasiado".
Hoy, seguramente esa misma escalera seguirá detenida. Quizás tenga suerte y el tren llegue a horario, por qué perder el optimismo. Es vergonzoso reconocerlo, pero vivimos en el país del "que nunca te pase nada".
El cielo de verano siempre es así. Levanto la vista y allí están, incólumes: Rigel, Bellatrix, Betelgeuse y Saiph formando un cuadrilátero maravilloso. En el medio, el Cinturón y La Espada. Y siempre muy vigilantes de cerca, Los Dos Perros, el Mayor, cuya estrella Sirio es la más brillante de nuestro firmamento, y el Menor.
Recuerdos del pasado o documentos del presente, quién sabe. Siempre los tengo a la vista y ya no me pregunto por qué.
El 25 de mayo de 1940 se inauguró la actual Bombonera, el Estadio del Club Atlético Boca Juniors. Un proyecto del ingeniero José Luis Delpini que recibiera posteriormente varios premios internacionales, emprendimiento cuya obra quedó, por circunstancias físicas además de políticas y administrativas, inconcluso hasta estos días.
Las autoridades han anunciado que el sueño de Delpini y de muchos xeneizes por fin se verá cristalizado. Se completará la tribuna del sector Este y el estadio será totalmente techado, con una capacidad para 56.000 personas sentadas. Se convertirá así en uno de los estadios más modernos de Sudamérica, si no en el que más. El fútbol argentino, y los hinchas de Boca como yo, eternamente agradecidos.
El autoritario privilegia su ego por sobre cualquier doctrina o ideología.
El autoritario exige a cambio de concesiones que resultan no ser tales, sino derechos preestablecidos.
El autoritario pide que todos lo escuchen sin escuchar a nadie.
El autoritario da órdenes sin plantearse sus consecuencias mediatas. Por lo tanto, nadie debería esperar de él estrategias para favorecer al conjunto ni políticas de largo plazo.
El autoritario siempre cree ser la persona indicada en el momento preciso.
El autoritario obra con total convencimiento de su acción, especulando permanentemente con que los demás también tienen su mismo perfil autoritario.
El autoritario siempre señala responsabilidades ajenas si se trata de evaluar el pobre estado de su administración, producto de su propia impericia.
El autoritario no puede subsistir si no tiene a la mentira como recurso permanente.
El autoritario se mune de una herramienta primordial para su accionar: la obsecuencia de algunos pocos de sus dirigidos.
El autoritario echa mano de la descalificación cuando escucha o lee algo contrario a sus intereses.
El autoritario denigra, denuesta y humilla sin sentimiento de culpa.
El autoritario jamás reclama respeto para sí mismo, para eso cuenta con un arma mucho más eficaz, el miedo.
El autoritario no tiene ningún escrúpulo a la hora de quebrar cualquier norma establecida, como tampoco lo tendrá para promover cualquier legislación o disposición que oculte lo ilegal detrás de lo legal.
El autoritarismo, en definitiva, no hace otra cosa que demostrar la escasa capacidad que se tiene para ejercer la autoridad.
¡Ahhhhhhhhhhhhhh! ¡Ha pasado tanto tiempo desde aquella primera vez!
Mi idea era ir a una despedida. Y así fue. Llegamos con un amigo tan pero tan sobre la hora que al momento de aparecer por la platea alta de River se apagaban las luces, griterío infernal y comenzó el show. Juro que jamás vi tanta gente en ese estadio.
Sonaba el primer tema, Rock 'N Roll Train. A continuación, Hell Ain't A Bad Place To Be. Ellos hacen su espectáculo como siempre, con ese sonido tan poderoso y tan contundente y no dan lugar a mayores comentarios. El escenario, en cuanto a estética, y de esto no sé demasiado, me pareció el mejor de todos los que yo vi por aquí. Alucinante. La locomotora, los cañones y la campana del infierno. Pero mucho mejor que en el '96. Mejor ambientado, quizás más espacioso que hace 13 años. Y por otra parte, la ayuda invalorable que prestan ahora esos dos plasmas de dimensiones gargantuescas colocados a los costados del escenario con una fidelidad de imagen que no se compara con nada de aquellos viejos buenos tiempos.
¿Si el set-list me gustó? Relativamente. Desde luego, soy un agradecido de que a estas alturas se despachen con un montón de clásicos de los 70's y 80's, los temas del pueblo de AC/DC, pero creo que se me quedó alguno por ahí, como Riff Raff, o Go Down que no hubiera estado nada mal que los hicieran. También faltó algún tema de Back In Black, uno de mis preferidos, Shake A Leg, hace mucho que desapareció del repertorio.
El sonido desde la platea me pareció bastante bueno, con ciertos instantes, lógicamente, en que el viento (y ayer había bastante) hace sus travesuras.
Los muchachos ya están grandes, pero esto no impide que Angus Young haga un descomunal desgaste de energías durante todo el recital, ni que Brian Johnson tome carrera por el espigón, la gigantesca pasarela que parece hundirse en medio del campo, para colgarse de la soga como un chico y sacudir el badajo de la imponente campana para dar comienzo a Hells Bells. Debo decir que cada vez que escucho la intro de ese tema a mí se me mezclan millones de sensaciones, de épocas vividas, el recuerdo de Bon, de un montón de cosas que precisaría mucho tiempo para explicar, y es realmente conmovedor.
Angus sigue con su rutina a lo largo de los años, varias veces durante la noche recurre a la máscara de oxígeno. Me impresionó mucho la primera vez que lo vi hacerlo en la película Let There Be Rock, sólo que esta vez no se zambulló entre el público para hacer su larguísimo solo de guitarra, esta vez se subió con su SG a un altísimo andamio.
Siguió el desfile de clásicos, Whole Lotta Rosie, Let There Be Rock, Shoot To Thrill (tema de presentación por años de CQC) hasta llegar al final con For Those About To Rock (We Salute You), con un imponente juego de luces y una salva terrorífica de incontables cañonazos.
Una vez finalizado, todavía no recuperados del aturdimiento por los disparos de los cañones, hubo un muy bonito final con fuegos artificiales.
Gustavo Olmedo decía los otros días que los AC/DC son una banda de la que no hay que esperar sorpresas, son tal vez la banda más predecible de todas las que hayamos visto. Pero conservan un encanto muy especial, y tienen un público muy fiel, aumentado notablemente en los últimos años por generaciones más jóvenes. Y decía también, que los muchachos tienen la íntima sensación de que este puede ser su último tour. Nunca se sabe.
Poderes que van y vienen. Y sociedades ciclotímicas que votan y confieren y después arrebatan poder. Es el libre juego de la democracia. Mi experiencia me indica -y supongo que a muchos les pasará algo parecido- que los poderosos en exceso llegan por fin a una etapa en que cansan a cualquier sociedad. Nuestro país tiene un frondoso historial en estas cuestiones y jamás ha vacilado en sacárselos de encima cual pelusa del hombro, tanto a civiles como a militares.
Pero existe un estadio previo, que no muchos advierten, con contadas excepciones claro. Es ese borroso período en que los gobernantes, sabiendo que su final se halla inexorablemente cerca, incurren en conductas que bordean la sinrazón, cuando no meten directamente los dos pies dentro de ella. Muchos recordarán a ese dirigente del campo que acusó a un ex presidente de hablar pelotudeces. Aquello, ni más ni menos se inscribe en esta suerte de trance.
Posteriormente, llegará la caída en desgracia absoluta, dando paso a situaciones propias de una opereta en que la población ya ni siquiera toma en serio al poder de turno.
Estaba más que claro que era imprescindible una renovación, una bocanada de aire fresco. Y creo que el Congreso Nacional ayer se puso a la altura de los acontecimientos y por fin dio una buena señal a los ciudadanos que les dimos nuestra confianza y los votamos.
Inseguridad. Palabrita que, si uno se pone cómodo frente al televisor y observa ya no un noticiero completo, simplemente un resumen de noticias, no tardará dos minutos en escuchar. ¿Es la Argentina insegura? Muy probablemente. Y mucho más que hace dos décadas, diría. ¿Estamos los argentinos en el ojo de la tormenta del delito común a nivel internacional? No. El mundo es mucho más inseguro también hoy que hace 20 años.
Dejo aclarado que no me referiré aquí a las causas del delito. Son múltiples , se podrían debatir un año entero y ya todos más o menos hemos escuchado y leído opiniones parecidas de acuerdo al ángulo de procedencia.
¿Hace bien o mal la prensa en dedicarle tanto espacio al tema? Desde este lugar, hace algún tiempo se ha tratado de explicar que el periodismo de información, aquí exceptuamos al de opinión, hace su trabajo bien o mal de acuerdo a lo que crea conveniente para su actividad, que consiste en un servicio pero que también es lucrativa. No hace falta señalar qué es lo que ocurrirá con cualquier medio informativo que no gane dinero y deba pagar sueldos.
Que hoy creamos que todo el público reacciona de la misma forma frente a un informe de 15 minutos sobre un hecho de sangre o similar, es por lo menos poco serio. Los hechos son reales, a mucha gente se les da micrófono y cámara en vivo, no es fácil editar las declaraciones en cuestión de décimas de segundo, y la audiencia escucha y ve lo que los móviles transmiten. Toda la vida esto molestará a quien tenga que molestar y satisfará a quien tenga que satisfacer. El ejercicio de la libertad tiene su precio y la relación Periodismo-Poder siempre ha sido más de conveniencia que de afecto.
Por mediados de los 80's, yo recuerdo que había en circulación dos revistas dedicadas exclusivamente a hechos policiales. Además, hacía mucho ya que existían Crónica y Diario Popular, los cuales no hace falta decir la importancia que siempre solían darle a estos asuntos. No me quisiera imaginar qué sucedería hoy si estos medios, en especial las citadas revistas, tuvieran horas y horas de aire televisivo. Nuestro país sería lo más parecido a un campo de batalla o a una carnicería abierta las 24 hs., por qué no.
En resumen, si el periodismo tiene la conducta que tiene, seguirá siendo un problema de sus encargados. Nadie ignora el peso histórico de las grandes corporaciones periodísticas. El problema seguirá siendo de quienes nos gobiernen, que optarán por observar seriamente el tema y hacerse cargo del problema, o bien desconocerlo, la mejor manera de no resolver o morigerar ningún problema.
¿Han cambiado los tiempos desde hace un par de décadas a hoy en relación con el tema? No tanto, el que escribe ha sufrido un par de robos a mano armada en su vida y no han sido precisamente en estos tiempos, el último data de aproximadamente 12 años. Hay, sin embargo, una sutil diferencia entre aquellos tiempos y estos, y más de un especialista ya se ha encargado de remarcarlo, distinción que no resulta un asunto menor: lo que ha variado sustancialmente es la relación Poder-Narcotráfico.